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Mostrando entradas de febrero, 2015

Vivir.

Se vive de ilusiones, de metas por alcanzar, de sueños que cumplir.
Se vive de la amistad, del compañerismo y de esas personas que te alegran el día a día.
Se vive de los pequeños momentos que te sacan una sonrisa, que te dejan sin respiración, momentos en los que no puedes parar de reír.
Pero también, de momentos en los que te gustaría morir y en los que te gustaría desaparecer para siempre.
Hoy me he dado cuenta de que es con las pequeñas cosas con las que aprendes. Hoy he aprendido que la vida te hace caer, que te hará querer abandonar una y otra vez.
Hoy he aprendido que hay que levantarse, hay que saber apreciar las caídas y volver a luchar, seguir andando, seguir hacia delante.   He aprendido que hay que disfrutar de la vida, afrontarla con una gran sonrisa, y compartirla con aquellos que te quieran y a los que quieras de verdad.
En definitiva, vivir sin importar lo que venga, el qué dirán.
Vivir por ti, por tu felicidad.

Nunca digas siempre.

No hay nada más triste que esos besos que se reparten en botellas de cristal, que vagan solitarios y tristes por este gran y amplio mundo, esperando, deseando, que alguien los encuentre. Que ese alguien esté tan necesitado de cariño, que se emocione al encontrar alguna de esas botellas, y que comparta ese gran amor.

No hay nada más triste que un tren abandonado. Con un viejo destino, sin pasajeros que llevar. Un tren que iba hacia algún lugar y venía de otro totalmente distinto. Llevaba pasajeros que querían huir, cambiar, que después querían volver... ¿llegaron a su destino?

Y yo, náufraga de mi propio mar, pasajera de mi propio destino; busco pero no encuentro alguien que me sepa amar, alguien que me muestre el camino.  


No más catorces.

Querido tú:
Hoy, otro catorce de febrero más, estoy sentada en una cafetería cualquiera en la que los corazones adornan la puerta, las mesas e incluso el café, y sé que de ser un día normal te hubiera dicho que este día es un engaño, que no se debe demostrar el amor un solo día al año.  Toda esta demostración del amor es demasiado incluso para mí. Yo no estaba preparada para un amor de algodón de azúcar, para un amor sacado de Disney. Yo no buscaba a ese alguien que me llevara café y una rosa a la cama los domingos, no buscaba un príncipe azul; pero te encontré a ti. Encontré nuestro amor. Y me niego a pensar que nuestro amor es de "vivieron felices y comieron perdices", nuestro amor no dura unas horas con palomitas en un cine; nuestro amor es cotidiano. Me gusta preguntarte "¿Me traes café?", que me respondas "Si quieres café te lo haces tú, vaga" y que luego me quites mi taza mientras me dices "Mi favorito, gracias mi amor". Nuestro amor no es b…