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Mostrando entradas de marzo, 2015

Deseos

Quiero tentar a la suerte contigo y bailar entre tus brazos, quiero que seas mi abrigo y un secreto jamás contado.
No quiero ir y venir como ola de mar quiero ser tu deseo de las doce, contigo quiero cantar, vivir y viajar.
Quiero que nunca me olvides estar presente en tus días, en tus noches, y ser siempre ese puerto en el que arribes.
Todo esto y más desearía,
abrazarte, besarte, ser tu pequeña osadía.

Palabras.

Hoy, precisamente hoy, me he levantado pensando en ti. En nosotros, en nuestra relación. Han pasado casi dos años.
Aún te echo de menos.
No sé como decírtelo.
Y hoy, he pensado en ti. En todo lo que te tenía que haber dicho hace casi dos años, y en todo lo que hoy me hubiera gustado decirte.
Te echo de menos, porque a veces necesito tu tímida fuerza, tu pequeño pero gran positivismo, tu presencia al fin y al cabo. Contarnos miles de secretos en la cama un sábado por la noche, mientras veíamos una película, perdiéndonos en un hilo que no queríamos seguir, porque nos interesaba más lo que nos teníamos con confesar.
Hoy se que tú necesitas más que yo esa fuerza, ese positivismo, ojalá pudiera decirte todo esto, a ti, en nuestro lugar secreto donde no podíamos (ni queríamos) esconder nada.
Hoy hubiera querido estar contigo. Lo deseaba. Quería decirte, aunque fuera en la distancia, que a pesar de todo, de nuestra historia, de cómo acabó, siempre voy a estar ahí, a tu lado, para cualquier cosa q…

Preguntas.

¿Por qué? Una pregunta que me ronda día sí, día también desde que tú desapareciste de mi vida.  Me dijeron que una persona no se iba a no ser que tú quisieras que se fuera, a no ser que tú quisieras olvidarla, a no ser que tú hicieras que se esfumara. Esa es la peor pregunta que se puede hacer uno mismo. ¿Por qué dejé que se fuera? ¿Por qué permití que llegáramos a esta situación?
Lo mejor de todo esto, es que no sabes la verdad. Me encierro en mi caja de pandora, esperando que a nadie se le ocurra destapar los secretos que hay en ella. Pero tú, sin abrirla, ya los sabes, porque los ves. Eres capaz de ver donde hay, donde no hay palabras. La verdad es que lo peor de esto no es lo que has hecho, lo que has dicho, o lo que yo hice. Lo peor es que ni yo misma se lo que quiero.
Si me encierro en mi misma es para dejar de lado este dolor. He aprendido, a base de caídas, a saber cómo prevenirlas. No quiero volver a levantar, porque eso ya lo he hecho demasiadas veces. Quiero evitar más caídas,…