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Mostrando entradas de abril, 2015

acrofobia.

Siempre he tenido la sensación de no encajar, de ser esa pieza de puzle que encuentras y no sabes a cual corresponde, alguna vez encajó, alguna vez estuvo rodeada de más piezas, ahora es solo un olvido debajo de un viejo sofá, de un armario...

Es extraño como eso en determinadas ocasiones puede no importarme nada, puede fluir entre mi, puede pasar de largo; y como, en cambio, otras veces es lo peor que me puede pasar,  como eso, a veces, me hunde.

Es el cliché de la montaña rusa.

¿Quién no ha montado nunca en una montaña rusa?

La espera se hace larga, las subidas más aún. Momentos de tensión, de expectación; momentos en los que quieres estar en la cima, cerrar un segundo los ojos y al volver a abrirlos sentirte grande, sentirte poderoso, sentirte bien. Es tan fugaz, tan efímero ese momento, te llena, sientes su plenitud y, sin embargo, la bajada es tan amarga, tan rápida que sin darte cuenta ya estás otra vez abajo. 

Abajo. Con lágrimas en los ojos, la piel abrasadora por ese viento fuerte…

Sueño nocturno.

Echar de menos algo que nunca has tenido es morir en el intento de preservar algo que no era real, que era un sueño, un invento.
Echamos de menos personas, emociones, sentimientos, momentos... ¿todo eso para qué? ¿Para vivir en ese estado de felicidad ajeno a la realidad?
Y hoy, sin pretenderlo, he caído en la trampa mortal, en el error fatal, he mordido la manzana; te he echado de menos. No a ti, ni a tu aroma. He echado de menos el romanticismo.  Es extraño, pero es la verdad. Antes todo tenía ese olor a nuevo, al rocío de las seis de la mañana, a la primera vez que abres un libro y saboreas su aroma. Y, como el libro, dejaste, dejamos de oler, de oler a romanticismo. Dejamos de saborear cada beso robado en medio de una calle desierta, dejamos de mirarnos a los ojos y apartar la mirada con la vergüenza del primer amor. Dejamos nuestro amor en unas manos que no eran las nuestras, en la responsabilidad de algo que no podíamos manejar, dejamos todo lo que conllevaba esto, precisamente al…

Clara.

Imagen
Presento a Clara. Una pequeña casualidad entre miles de casualidades de 'twitter'. Gran fotógrafa, mejor persona, y eso que no la conozco mucho. 

Así que me encanta empezar esta pequeña locura con ella. Dos fotos y dos textos, cada uno inspirado en el otro y viceversa. Hoy, de su foto mi texto.
Espero que os guste y que visitéis su lugar y disfrutéis de la vista: https://www.flickr.com/photos/claracaballero/  y que dejéis algo de vosotros en ambos sitios. 
Recomendación: Leer esta entrada con: "Comptine d'un autre ètè" https://www.youtube.com/watch?v=NVgEg58GQoM&list=PLaC6Tsc3u36BQJTKXnVsxSBXg9z-8KIfJ

Gracias por leer. 


****            Raíces                                                           Veins like branches trees.
"El presente del pasado  es el recuerdo."
Eras como el sonido más agudo del piano, esa tecla juguetona, que puede sonar como quiera. Yo, las manos que difícilmente intentaban seguir el ritmo que tu, tecla pequeña donde las haya, me imp…

tic tac

[Es extraño ver como cambia tan rápido nuestra forma de ver el mundo, y con ella la forma en la que vemos las cosas que hicimos o como éramos. Para muchos será lo que leímos, cierta película que vimos, y para mí, hoy, lo que escribí.]

***
Son las doce de la noche de un jueves que acaba o de un viernes que empieza. No lo sé bien. Solo sé que he venido aquí a observar, a ver el tiempo pasar, a ver como eso que nunca volveré a recuperar se me resbala entre los dedos como si de arena fina de una playa desierta se tratara. Solo sé que he venido aquí a olvidar, a olvidar esos amores que fueron durante un rato o que nunca fueron, a olvidar las risas que quedaron atrás, risas que no volveré a disfrutar con personas a las que nunca volveré a mirar. Solo sé que he venido aquí a recordar, a recordar a las personas que un día estuvieron ahí, a recordar a las personas que no se irán jamás.
¿Y si te digo que ya pasaron dos horas? Que el tiempo vuela y no nos damos cuenta. Porque miramos al suelo, al …

¿Qué es la felicidad?

Felicidad es ver la primera sonrisa de un recién nacido. Felicidad es ver la mirada de amor eterno de su madre. Felicidad es conocer a una persona y saber que va a ser una nueva amistad. Felicidad es reencontrarte con un viejo amigo y que todo sea igual. Felicidad es levantarte un lunes por la mañana y recordar que es fiesta. Felicidad es alargar eternamente cinco minutos la alarma del reloj. Felicidad es ir a la playa y, aún estando llena, encontrar el mejor sitio posible. Felicidad es estar solo en la cima de la montaña y sentirte libre. Felicidad es saludar con una sonrisa al conductor del autobús y que este te responda del mismo modo. Felicidad es un "hasta luego" que sabes que es real. Felicidad es recibir una sorpresa el día de tu cumpleaños, o cualquier otro día. Felicidad es un abrazo por la espalda inesperado. Felicidad es saber apreciar las pequeñas cosas, las que hacen que nuestro día a día sea único, sea mágico, sea inmejorable.
Son esas pequeñas cosas, las más insignificant…

Segismundo.

No hay peor sensación que la de sentirse atado. Sentirse un pájaro enjaulado. Aquel que tiene ganas de volar pero que no puede.  Ese pájaro que mira a la libertad como un sueño, cercano pero totalmente fuera de su alcance.
Los barrotes son su vida, pero también su muerte.
Quiere la libertad que no puede tener, que un día tuvo, que un día le arrebataron. Quiere ser él, quiere ir a donde el viento le lleve, a dónde él quiera ir, vivir lo que quiera o donde quiera; y todo solamente por el simple  hecho de querer.
Si imaginamos el día en el que esos barrotes se abran, en el que la libertad abra sus puertas, dejándole marchar, dejándole decidir por sí mismo; regalándole la elección de su vida.
Soy ese pájaro, vivía encerrada en mi jaula, a veces era real, a veces un solo espejismo.  No podía volar, no podía elegir, no podía decidir...  no era feliz.
Ahora, tras una batalla que nunca se gana, puedo decir que soy feliz. Soy feliz porque soy yo, elijo a mis amigos, las personas que me rodean en …

Mensajes en una botella.

Primero.


Abrí los ojos y vi que el cielo me sonreía, que todo había sido un sueño.  Lo tenía claro; debía luchar por aquello en lo que creía debía vivir, saltar, equivocarme, volverme a equivocar y levantarme mil veces para aprender, para seguir viviendo.
Debía gritar, reír, bailar... Debía soñar. Tener claro que por muchas nubes que hubiera, después de la tormenta siempre viene la calma. Y que esa calma, significaba un nuevo día, un nuevo despertar, una nueva oportunidad; que si me levantaba con una sonrisa y con ganas de comerme el mundo ni la nube más oscura lograría hacer desaparecer mi sonrisa, y con ella mis ganas de felicidad.