Un nosotros sin ti. Carta 3

Me gustaría saber lo que pensáis, me ha costado más de lo que creía escribir esta tercera carta y el resultado no es totalmente de mi agrado. Por lo que agradecería muchísimo vuestra opinión. Gracias por leer.




***


Ayer me hablaste. Mi teléfono sonó ya muy entrada la noche. Un simple mensaje, una simple notificación, y ya me tuviste enganchada de nuevo.

Eso es la tecnología hoy en día, nos hace fáciles, accesibles. Ahora es sencillo empezar una conversación; es una relación de amor y de odio, amamos la tecnología, podríamos vivir sin ella y, sin embargo, la necesitamos, o eso es lo queremos pensar.

Contigo no es diferente.

Un simple "hola"; ni siquiera preguntaste qué tal estaba, eso, como siempre, lo pregunté yo. Te gusta que la gente esté pendiente de ti, de lo que te ocurre, eso aún no ha cambiado, te gusta sentirte querido por un momento, sin importar si hay alguien que lo necesite más.

Todo era como antes, como antes del desastre. Los chistes, las carcajadas  solitarias en mi habitación sin que nadie más las escuchara, las insinuaciones, las medias tintas, querer expresar más de lo que se dice...

Y entonces me volví a enganchar.  A tus bromas, a tus insultos cariñosos, a tus guiños, a tenerte a mi lado de nuevo. Y era yo quien se quedaba atrás, quien te buscaba, quien siempre te busca.

Aun no logro comprender que fue lo que tu cabeza pensó para buscar mi nombre en tu tan larga lista de contactos, y hablarme. ¿Me echabas de menos?, ¿querías ver si seguía sufriendo por ti?, ¿eras tú el que sufría aún por mí?

Como los riachuelos que se encauzan en el río grande,  si todo volvió a ser como antes, nada pasó a ser como ahora.

El antes, el tan temido antes. Volviste a mi vida pensaba que para quedarte más tiempo, una gran parada, sin embargo solo era un cambio más, algo necesario, algo pasajero. Tras contarme tu vida sin mí, tus aventuras con otras, tus historias solitarias, conseguiste lo que querías; desahogarte con la única persona que sabías que no te iba a pedir nada a cambio, con la única persona que no iba a contarte las suyas porque vive enganchada a ti, porque piensa que te necesita más que al aire que respira; yo.

Así, cuando le quitaste el peso que sobraba a tu maleta, te montaste en otro tren, con otro destino, lejos de aquí, lejos de mí. Dejando tras de ti más rastro de dolor, más sufrimiento en mi ya marchitado corazón.


No quería decírtelo, no quería interrumpirte, pero yo también sufría; no me diste ocasión, no quisiste dármela, yo también necesitaba quitarle peso a la maleta que tras de mi arrastraba aunque no fuera a coger ningún otro tren.

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