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Mostrando entradas de abril, 2017

Jordi

23 de abril. 

Me gustan los contrastes, el puro blanco y el oscuro negro. El cielo y la tierra, el fuego y el mar. Me gusta besar con los ojos abiertos y que mi pareja los cierre. Me gusta soñar despierto. Pensar en voz alta. Nunca dejarme las lentejas aunque no las quiera. 

Me gusta vestir de rojo y llevar algo rosa. Me gusta columpiarme en el parque, aun siendo ya demasiado mayor para ello. 

Adoro viajar, sin moverme del sitio. 
Y por eso, me gusta el 23 de abril. 

Tres días antes, el día de esa canción, ahora es el turno del libro, de los libros, porque ¿quién puede leer solo uno? ¿Quién puede quedarse en la incertidumbre de una primera parte?

Soy mago, actor, estoy muerto y resucitado. Soy inmortal, soy un vampiro, soy el único hombre vivo del mundo. He viajado al centro de la tierra, al fondo del mar, he volado por todo el mundo, nunca he vivido en un solo lugar, vivo en castillos centenarios, llevo una pistola en el lejano oeste, soy presidente, o un superviviente. 

Me gusta Sant Jordi…

tu

Hoy me he enamorado de tu mirada. 
Te contaba algo sobre mí, sobre mi infancia, y he visto como tu rostro se inundaba de preocupación, como tu mirada me decía que de ser por ti, hubieras estado allí conmigo, con esa niña perdida, para protegerla de los monstruos que la acechaban.
Y quién quiere recrear el pasado, cuando puedo vencer a los monstruos del presente si tu estás a mi lado.

partes de mi

Has vuelto a mi memoria. A mi vida. Has vuelto con tu olor tan característico, he visto como tu sonrisa volvía a florecer. Como tu pelo se enredaba en tus pendientes, como tu mirada vagaba por la habitación sin fijarse en nada.  Sin verme, sin sentirme. 
Y duele.  Duele porque tu recuerdo aún me acecha, duele porque es tan reciente el dolor, que aún no se ha ido.  Duele porque se que no volveré a tenerte entre mis brazos.  A darte la mano. A acariciarte la mejilla.  Duele porque apenas puedo hablarte.  Porque apenas puedo mirarte sin que algo dentro de mi se rompa, se haga añicos.  Duele porque me levanto y deseo pasear los dedos por tu espalda al descubierto, pero se que no puedo.  Duele porque te miro, y no me devuelves la mirada.  Te fuiste y nunca logré recomponer los pedazos de mi vida que quedaron esparcidos por todos los lugares donde paseamos, donde nos miramos, donde nos quisimos. Y duele, duele tanto, que intento agarrar los pocos trozos que logré reunir, y se me escapan. Se van, desde…

Damocles.

Ayer me puse a pensar en cual sería mi mayor miedo, ese irracional, ese que no te deja respirar. Ese miedo que te paraliza, que te encierra en su propia habitación, de paredes tan altas, tan oscuras, que es tan difícil escapar de él, que te consume, te mata lentamente. Lo encuentras en cada una de tus terminaciones, en cada pequeña parte de tu ser, en tu mente, en tu cuerpo, te duele, no puedes casi respirar, no puedes pensar. ¿Cómo salir de él? ¿Cómo escapar?

Me puse a pensar que mi miedo mas irracional es la extrema soledad.

Somos seres de sociedad, y aunque no lo queramos siempre, siempre, estamos acompañados, de una manera u otra, pero nunca solos, nunca.

Y sin embargo todos hemos sentido esa sensación. Esa sensación de no saber a quien acudir, de no saber en quien apoyarte, no sabes quien te rodea. No los sientes, porque tu mismo te sientes solo, te sientes abandonado, ese sentimiento te persigue, te atosiga, en tus sueños, en tus pensamientos del día, y cada vez más entras en esa h…