Abismo


El abismo que se desprende bajo mis pies. La suela de mis zapatos que se empieza a romper. El frío viento que trepa por las paredes de mi piel. Me hiela. Me hace recordar que ya no queda nada dentro de mi. Silencio, palabras vacías. Ante mi, parte mi fe, ya no se en que creer. Dudo. Dudo de mi, dudo de ti, dudo de nosotros. 
Quiero mirarte y encontrar en tu mirada aquello que me haga recordar todo lo que éramos. No me quiero marchar. Y, sin embargo, te miro y no encuentro nada que me recuerde a ti, que me recuerde a tiempos mejores. 
¿Tanto hemos cambiado? 
Cómo he llegado a mirarte y no verte, a observarnos y no reconocernos. 

El abismo que nos separa es ya tan grande, apenas nuestras manos pueden permanecer unidas, cada milésima cuenta, nuestros dedos se resbalan, y uno a uno se rompe la perfecta unión en la que se encontraban. 

Y es tan grande el abismo que encuentro ante mí, miro al horizonte y ya no te veo. No distingo tu figura, y lo peor, no distingo la mía. 

¿Quienes somos?

¿Qué me queda cuando me pierdo a mí misma? 

No soy la misma persona, tu tampoco, y aún habiendo crecido juntos, nos hemos perdido. No me conoces, no te dejo conocerme, apenas se de ti. 

Mi fe en nosotros es apenas inexistente, sueño con ese primer verano, con esa primera mirada. Y llega otro verano más y 

nada. 

Quiero pero me es imposible. Me estrello con la realidad que me da de bruces. Quiero coger ese camino, seguir de tu mano un verano más. Ver las hogueras de San Juan, cantar a los cuatro vientos la palabra libertad. 

Pero, ¿qué me queda si no puedo volar?

¿Quién soy si ando perdida en la mar?

Me resisto, ¿es mejor así? 
Mi fe se resiste a irse, permanece, quiere emerger, te quiere a ti, y sin embargo yo, no se en que creer. 

¿Creo en esa sonrisa sincera del último verano? ¿O en el último aliento de un otoño olvidado? 

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